viernes, 1 de julio de 2016

Sueños feos

Tilo se despierta asustado. Cocodilo, dice, y llora. Me acuesto con él, hablamos de sueños feos, de cocodrilos y monstruos que viven en las selvas y en los libros y en los sueños pero no en las casas ni en las ciudades. Nos dormimos. Sueño con un viejo horrible disfrazado grotescamente de nena, en un vestido de comunión pero no blanco sino de un rosa o beige indefinido y sucio, con peluca de pelo largo y lacio peinado en una media cola. La cara con piel de nicotina cambia un poco y de pronto es Gómez, Gómez hoy.

Me despierto asustada. En la oscuridad, vuelvo a mirar esa cara horrible, la analizo y clasifico y la ubico en un cómodo cajón de mi subjetividad, hasta que escucho la respiración de Tilo, y me castigo por soñarle el horror tan al lado.