martes, 14 de junio de 2016

De doler y de duelar

El testimonio de mi prima Edith fue muy breve. Ella no vio nada de lo que pasó afuera. Estaba en la casa de sus tíos, al cuidado de su abuela. Su abuela se descompuso y su primo se hizo cargo de la situación. Le dijeron: no cuentes nada.

Me vio a mí. A mí corriendo alrededor de un sofá. No lo dijo ayer pero me lo contó hace tiempo: corría llamando a mi papá. El sofá lo recuerdo. Era naranja y áspero. Escucho hablar de esa niña-que-fui y me pregunto cosas que antes no me preguntaba, como: ¿cuánto tiempo habré estado con los pañales mojados? ¿habré estado separada de mi madre, en las manos de un extraño? ¿habré llorado mucho? Lloraba mucho, esto recuerda otra prima, sentada sobre una cama en la pieza de la Francisca, mientras esperaba que vinieran mis abuelos a buscarme. Escucho hablar de esa niña-que-fui y no puedo evitar pensar en Tilo y me duelo yo misma como si fuera mi propia hija. 

viernes, 3 de junio de 2016

Diario transnacional

Estos últimos años en Europa hice mucho coolhunting académico y les aseguro que lo transnacional es una tendencia en los memory studies que llegó para quedarse. Por eso, la Princesa Montonera desembarca en España, con un prólogo de Patricio Pron que traduce para el lector ibérico "crochet" ("ganchillo") y otras cosas igual de importantes y necesitadas de traducción.

Sueño con intruso

Sueño con una casa cerrada donde se esconden algunas personas o cosas. La casa es real pero también es un decorado. Hay una ventana por donde se mete Trillo, que quiere algo o a alguien que está en la casa. Trillo salta y queda colgando en la ventana con medio cuerpo adentro y medio cuerpo afuera. 

lunes, 23 de mayo de 2016

Un post inconcluso

Sobre G., ex Gustavo en Diario de una princesa montonera, ex ex hermano, mucho más ex maldito bastardo, por siempre ex Rodolfito, parece que declaré algo así:

Que crecí con un fantasma como hermano, una sombra que crecía al lado mío. Que encontrarlo fue la razón de mi vida. Que busqué a mi hermano pero encontré al hijo de ellos, del imputado Gómez y su esposa Teodora Jofré, bueno, también de mis padres, pero también de ellos. Que el mes y medio que pasó entre el día que lo encontré y el día que supimos los resultados de los análisis fue la Edad Dorada de Nuestra Relación, y que con la instrucción de esta causa supe que aún en ese entonces me había mentido, que él estaba tan seguro de ser mi hermano porque ya tenía la confesión de Gómez, y no me lo dijo. Que compartimos un lazo de sangre pero nada más, que no hay una historia en común, que aunque lo intenté todo, incluso una terapia familiar, nunca se pudo construir una relación. Que hace diez años me tiene embargada por una laguna en las leyes reparatorias, porque estas leyes no contemplan específicamente a las familias de niños desaparecidos. Que no hay una plena comprensión de lo que significa la desaparición de niños para nosotros, para los familiares que quedamos, y este conflicto legal es una expresión de eso. Que no van a ver en este juicio la estampa de una familia feliz unida en la búsqueda de justicia. Que somos una familia destruída y que cada uno llega a este juicio como puede.

Cuando terminé, me pidió, o me ofreció, no sé, un abrazo. Dije que no. Me pidieron una foto los tres juntos y dije que no. Y me sentí bien. Porque así son las cosas. Tristes pero así.

Y sin embargo, en distintos momentos de la semana me sorprendí pensando en él, pensando que si yo estoy conmovida, él debe estar desquiciado, fantaseando por muy breves instantes con cómo hubiera sido llegar a esta instancia juntos. Otra vez el fantasma de Rodolfito, el hermano que no fue. La sombra pasa rápido, la tentación contrafactual también.

Mañana declara G.,



* * *



Esto había escrito el domingo 15 a la noche. Mañana declara G, coma. No supe cómo terminarlo. Hoy, una semana después, todavía no sé qué escribir sobre su testimonio. Por primera vez en mucho tiempo, no sé qué decir (qué sentir, qué pensar) sobre él. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

Policía de la moda de los imputados

El lunes 2, Omar Domingo Rubens Graffigna, Jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea en 1978, lució un impermeable beige virando hacia el verde militar y un coqueto pañuelo al cuello. El cabello peinado a la gomina como es de rigor en su generación, su clase y su métier (el genocidio) y unos bigotes cuyo acabado no está a la altura del resto del look. El miércoles su canosa cabellera se veía más natural, a tono con la imagen de fragilidad que transmitió al trastabillar en la entrada. La polera blanca le daba un aura de pureza y de elegancia casual típica del barrio de Belgrano. Su outfit grita "autor mediato", ¡muy logrado! 


Para el primer día, Luis Tomás Trillo, responsable de la RIBA, optó por un look vampírico, con ojeras, traje oscuro e impermeable sobre los hombros a modo de capa. La venda en la mano sumaba un detalle sangriento. El miércoles aligeró su outfit con un pantalón verde, militar naturalmente, y llevando el impermeable de modo tradicional. La superposición de saco y piloto creaba un efecto hombreras muy eighties, década que Trillo seguramente añora pues entonces gozaba de un muy conveniente anonimato, que lo mantendría alejado de los tribunales hasta 2013. 


El agente civil de inteligencia Francisco Gómez, por su parte, se mantuvo fiel a su look "pobre hombre", como lo caracteriza su letrado: camisa sin corbata y campera conurbana en bordeaux, negro y azul. Los anteojos discretos y el cabello corto y prolijo acompañan. Su actitud canchera del lunes lo pone en evidencia como el buchón que fue y no lo favorece tanto como el aspecto abatido que mostró el miércoles ante las dos testigos Es por ahí, Gómez!


¿Qué prendas elegirán para la próxima audiencia del lunes 16? 

jueves, 5 de mayo de 2016

Juicio día 2 - Una crónica cotorra

Así lo relataron Memilí y Coca, soldadas de la amistad, en el chat:

MEMILÍ: Acá salimos. Perez lo más. No tengo palabras. Fue conmovedora, inteligente, firme, angustiada, fue todo. La vara muy alta, como dijo Coca recién.
COCA: Perez enorme.
VANE: ¡Bien Perez!
CATA: (Aplausos).
DIDI: ¡Bravo!
MM: Qué momento tremendo.
MP: Felicitaciones. Qué conmovedor debe haber sido.
DIDI: ¿Van a comer algo rico?
COCA: Muy conmovedor. Nos tuvimos que ir, pero seguía porque declaraba Rosa ahora.
MEMILÍ: Estamos cortas de palabras.
FLORI: Qué grande Perez. Abrazo fuerte.
DIDI: Qué fuerte. Abrazos y besos para ustedes también.
(Una hora después)
MEMILÍ: Qué difícil salir de este estado, ¿no? Coca debe estar abrazada a Juaneke. Y Perez aún ahí escuchando a su abuela. Aún no tengo suficientes palabras para definirles lo que hizo Perez. Pero quiero contar dos cosas. El abogado mierda de los mierdas dijo "¿usted considera que los acusados son sus enemigos?" Y nos quedamos asombrados.
VANE: Contá. Por favor.
MEMILÍ: Y Perez para ganar tiempo dijo "¿tengo que responder a esa pregunta?". Y el juez dijo que sí.
VANE: Contá, contá.
MEMILÍ: Y Perez dijo no. Ellos me consideran a mí su enemiga. Ellos nos consideraron a nosotros, a mi familia, como sus enemigos. De pie, hijas de puta. Esa respuesta.
MM: Bravo.
VANE: (Aplausos).
MEMILÍ: De la nada. La sacó de la nada en medio de la angustia. También dijo "ay, yo de autos no entiendo nada", con voz de tonta, cuando le preguntaron qué auto tenía su papá que les robaron. Momento rubia.
VANE: ¿Qué más?
MEMILÍ: Cada vez que decía "yo ahora soy madre", Coca se quebraba. Cuando se levantó a jurar que decía la verdad, se le vio la bombacha.
VANE: (Risas).
PEREZ (desde los tribunales): (Risas).
MEMILÍ: El abogado de la contra, como le dimos en llamar con Coca, tenía el pelo teñido.
VANE: Qué más, qué más.
MEMILÍ: Y era una especie de Puma Rodríguez. El otro abogado de la contra tenía tics y era espantoso. Nosotros los del otro lado, de los buenos, éramos todos lindos.
DIDI: Nosotros los del otro lado, de los buenos, éramos todos lindos.
MEMILÍ: Perez estaba bella. Jose en más de una oportunidad se sentó en la punta de la silla sufriendo mucho. Lo vi.
DIDI: Aplausos de pie.
MEMILÍ: Perez le habló al juez y le dijo "yo confío que ustedes bla bla". Maestra. Y al final por si faltaba poca lágrima, leyó una carta de su abuela Argentina.
VANE: ¿Qué decía?
MEMILÍ: Una carta que Argentina le escribió a su hijo y que nunca le dio. Rompió todo con eso.
VANE: La puta madre.
MEMILÍ: Perez habló de su hermano con maestría.
VANE: Ya lloro.
MEMILÍ: Y luego cuando él se acercó a saludarla ella le habló con dureza. Lo vimos.
CELE: Ay Dios. Recién aterricé.
MEMILÍ: Bienvenida Perla.
CELE: Gracias, ay, qué emoción lo que contás.
VANE: Contá más.
CELE: ¡Perez, qué huevos!
DIDI: Perez te quiero.
MEMILÍ: No saben lo que es huevos.
CELE: Gracias Marita por contar.
MEMILÍ: La boluda se puso ahí en mi alma a la altura de Marie de una, eh.
CELE: Sos nuestra [poner nombre de periodista. No sé ni uno].
MEMILÍ: Lo que hizo entra en el récord de cosas que yo voy a admirar por el resto de mi vida. Estoy muy, muy conmovida en serio, chicas.
VANE: (Aplausos).
MEMILÍ: Coca debe estar aún hecha un rollo llorando, jaja.
VANE: Coca, contá vos también.
MEMILÍ: El juez los bardeó bastante a los abogados.
CELE: Ay, qué emoción, qué templanza.
MEMILÍ: Más que bastante, fue un cachetazo tras otro. Perez hizo mucho hincapié en algunos mensajes claros. Como su propia desaparición. O la situación del hermano que se le puso en contra tantos años. O su amor por sus abuelos Argentina y José.
DIDI: ¿Y él qué hacía?
MEMILÍ: O lo que debería estar en el juicio y no está. Ella decía: no comprendo cómo tal cosa o tal persona no forman parte de este juicio. Trillo la miraba mucho. Gómez miraba para abajo. Graffigna parece no entender nada.
CELE: Tiene 200 años, ¿no?
VANE: Yo le dije eso a Perez también. La piba estuvo un día desaparecida a los tres años. Por dios. Qué tremendo.
DIDI: ¿Gómez es el expropiador de G.?
CELE: Sí.
MEMILÍ: Es del 26.
VANE: SÍ. Apropiador.
MEMILÍ: A los 15 meses.
DIDI: Sí, perdón, apropiador.
VANE: Más chiquita, por dios. Qué desolación.
MEMILÍ: Ella contó ese día con mucha intensidad.
VANE: Hijos de puta. ¿Qué contó?
MEMILÍ: Y cómo su mamá se asomó en el auto y les pidió a sus primos que la cuiden.
CELE: ¿Cómo estará ahora? ¿Aliviada? ¿Angustiada? ¿Fuerte?
MEMILÍ: Momento de llanto desolado de nuestra parte.
COCA: Perez enorme.
MEMILÍ: Perez enorme.
COCA: Hay que tener ovarios, la puta madre. Estaban ahí. Los hijos de mil puta.
MEMILÍ: Yo aún lloro.
VANE: Perez corazón.
COCA: Y ella sentada.
DIDI: Piel de pollo.
COCA: Con calma. Pero con determinación. Contó todo.
ROCÍO: Qué lindo lo que cuentan.
MEMILÍ: Con la etiqueta de la remera afuera.
FLORI: Qué lindo lo que cuentan. Triste lindo. María Emilia me hacés llorar de risa nivel Sandrini.
MEMILÍ: Es que hubo momentos altísimos.
CELE: Sí, es una genia relatando esto. Yo sólo lloraría.
COCA: Marita les decía la contra. A los milicos.
MEMILÍ: Como la cámara enfocando a Coca vestida de cono.
COCA: Y me estallaba.
MEMILÍ: O la tía de Perez ahogándose.
VANE: ¿Ahogándose?
MEMILÍ: Se ahogó con tos.
DIANA: ¿De llorar?
COCA: Ay sí. Se ahogó tosiendo, pobre.
MEMILÍ: Me dijeron: ¿tu mamá está bien?
DIDI: ¿Y Rosa?
MEMILÍ: Ah re dale, mencioname a mi mamá en este momento.
ROCÍO: ¿Qué opinaron de G.?
COCA: Rosa no estaba.
MEMILÍ: G. es dable, punto uno.
COCA: Pues no podía escuchar la declaración de Perez antes de declarar.
MEMILÍ: Pero punto dos, se nota que no lo queremos. Y cuando se acercó a ella, Perez lo sacó.
CELE: Qué duro todo.
DIDI: Tremendo.
COCA: Jose se puso mal cuando le preguntaron si los milicos eran sus enemigos. Todos nos pusimos mal. Pero él se salía de la silla.
MEMILÍ: En un momento salió una persona de adentro y me dijo: "pregunta Mariana si su marido está acá".
COCA: Y con la respuesta de Perez el juez nos retó.
MEMILÍ: Cuando Perez estaba esperando no podía vernos y preguntó por él. (Amor).
ROCÍO: Qué bueno que hayan podido ir.
MEMILÍ: El juez nos retó y nos dijo que una sola expresión nos sacaba a todos. (Sirenas).
ROCÍO: Ojalá podamos ir todas juntas un día.
VANE: Qué bien Perez.
MEMILÍ: Pero era bueno el juez.
ROCÍO: ¿Vieron al secretario AKA Brancatelli?
MEMILÍ: Hermoso el secre.
ROCÍO: (Risas). Y el pelotudo de la contra con ese tic del orto. Odioso.
MEMILÍ: Hermoso el abogado de Abuelas.
ROCÍO: Quiero ver la declaración de Perez.
MEMILÍ: Ay, el tic.
DIDI: El día de la sentencia.
VANE: Sí.
MEMILÍ: Y Coca dijo: "tiene ese tic porque ese hombre no descansa", o algo así.
VANE: ¿No se puede ver ni leer?
MEMILÍ: Y el otro está teñido.
ROCÍO: No duerme pues defiende villanos.
MEMILÍ: Perez habló de la juguetería del papá.
VANE: ¿Qué dijo?
COCA: Eso dije. Hijo de mil puta, no dormís tranquilo.
MEMILÍ: Dijo que cuando lo secuestraron tenía mucho stock "porque venía la Navidad". Y que le robaron todo. Y que les robaron todo de su casa incluyendo una puerta plegable. Momento dolor.
VANE: Hijos de puta.
MEMILÍ: Yo lloré con momentos insólitos como la puerta plegable.
VANE: La verdad, Marita. Qué disfuncional.
MEMILÍ: Perez dijo la marca de la puerta (No, rubia de mi corazón, dije que era de petiribí que es una madera). Lloré con el cotillón de Navidad. Y luego le dije a Coca: "hace meses que no lloro".
VANE: Es terrorismo.
MEMILÍ: Pensé que la pastilla me había sacado la habilidad. Pero se ve que un crimen de lesa humanidad me hace llorar, me dijo Coca.
VANE: ¿Qué cosas le preguntaban a Perez?
MEMILÍ: Ella habló mucho sola, luego le preguntaron los abogados, luego el fiscal. Y cuando le tocó al de los malos fue el momento enemigos.
CELE: Este chat hay que guardarlo para siempre. Está dentro de los Altos Momentos Cotorra, parafraseando a nuestra heroína.
DIDI: Estaba pensando en eso, Cele. Esto y Marie.
CELE: Es muy groso.
MEMILÍ: Totalmente. Éste fue un momento cúlmine en la historia de la vida cotorra. Faltaba el gotero. No imagino cómo estará Perez, yo me siento que me pasó un camión por arriba.
FLORI: Estoy llorando de risa y de angustia en la oficina. Lo de la puerta plegable, grité de risa. Las amo por el relato.
MM: Qué intenso todo. Y qué carajo tendrás en el alma para ser culpable y escuchar todo sin inmutarte.
ROCÍO: Mal. El lunes pensé que seguro Marie estaría ahí.
MEMILÍ: Ah, Rocío, gracias. El golpe final. Creo que me voy a ir a comprar unos vestido o algo.
(Dos horas después).
COCA: Perez, ¿cómo estás con el saludo de G., etc?
PEREZ: ¡Me quiso abrazar! Es un caradura.
COCA: SÍ. Y lo cortaste en menos diez.
MEMILÍ: Yo te escuché y te estaba mirando. Vos en el juicio fuiste muy clara sobre él.
COCA: Estábamos ahí agazapadas listas para cagarlo a trompadas.
VANE: ¿Qué dijo sobre él?
COCA: A mí me pareció muy bien cuando dijiste que ahí no iban a encontrar una familia unida buscando justicia. Sino una familia destruida.
VANE: Tremendo. Perez, lo de la carta de Argentina y lo de tu mamá pidiendo que te cuiden fue desarmante.
MEMILÍ: Perez dijo que hay un lazo de sangre pero no otra cosa.
PEREZ: ¿Eso dije?
MEMILÍ: Porque su hermano fue criado por militares. Sí. Dijiste que no encontrabas en él otra cosa. O algo así. Que no tenían una historia en común. Fuiste muy clara sobre él. La carta, Dios mío, la carta. Fan de Argentina soy.
PEREZ: Ah sí, que había encontrado al hijo de ellos.
VANE: ¿Qué dice la carta?
COCA: Dice cosas que una mamá le dice a su hijo desaparecido que sabe que no va a volver a ver. Cosas de amor. Todo amor. Lloro de nuevo.
VANE: Yo también lloro.
MEMILÍ: Boludas, yo lloro de nuevo.
VANE: Y yo no escuché la carta.
MEMILÍ: Y yo estoy medicada.
VANE: La reputa madre.
MEMILÍ: Perez, sacale foto a la carta así Vanesa llora tres días seguidos.




lunes, 2 de mayo de 2016

Juicio día 1

Después de meses de indefiniciones y postergaciones que me tuvieron en vilo desde el lejano fin del verano berlinés, después de un millón de formularios y cartas y trámites en alemán, después de una mudanza internacional, después de vomitar deber de memoria y de enfermarme de la garganta y padecer otras afecciones habituales a la hora de revivir el trauma cuyo detalle omitiremos, después de llorar dos domingos seguidos, todo atravesado por el aniversario de la muerte de Marie,

empezó el juicio.

Elegí ir con un amiga, con una de mis amigas de la época de los blogs. Desde la muerte de Marie nos decimos soldadas y a mí un poco me hace ruido pero soy hija de combatientes del ejército montonero así que no sé qué me hago. Allá me esperaban dos compañeros de mi papi. A uno lo conozco desde hace 5 años, cuando comenzamos a reunirse los familiares y amigos de desaparecidos de Tres de Febrero; al otro lo conocí el sábado pasado y fue un encuentro cálido en el que la presencia de Jose (o Aníbal) nos sobrevolaba alegremente.

¿Qué decir de los milicos? Que son feos y tienen caras de malos. De verdad. Que se negaron a declarar pero no por eso se privaron de hacer un poco en show. Trillo dijo que en sus ratos libres, antes de la detención, se dedicaba a la beneficencia. Gómez respondió, cuando el presidente del tribunal le preguntó si tenía hijos: Sí, tenía un hijo. En alusión al hermano que me robó. Hubo respectivamente risitas y murmullo indignado en la sala.

Yo estuve contenta. Estoy contenta. No me lo imaginaba. No sé si mañana podré levantarme de la cama pero hoy estoy contenta porque empezó el juicio por fin. Ahora digo esto tan simple pero cuando una joven estudiante de comunicación me preguntó "¿cómo te sentís?", la saqué carpiendo, pobrecita, qué carácter. 

martes, 19 de abril de 2016

Recta final

Entramos en la recta de la verdad y la justicia, me escribe Pablo, mi abogado, y un poco me da risa porque ya no puedo tomarme en serio esas militonteces, pero otro poco me conmueve porque es sincero. Porque se ocupa de la causa -la causa judicial, quiero decir, no la Causa, es muy difícil distinguir mayúsculas y minúsculas cuando nos movemos en estos pantanos del paradigma punitivo. Porque conoce los hechos, porque siempre responde, porque jamás me dijo que algún día las cosas van a cambiar con mi hermano, porque maneja un delicado borde entre el respeto y la presión de ésa que ayuda a concretar cosas difíciles. Por todo esto, le permito que me escriba lo de la recta final de la memoria. Con Jota jodemos con que todo queda bien con "de la memoria". Por ejemplo, el viernes a la noche estuve en la banquina de la memoria. Jaqueca y vómito. Vamos a ahorrarle trabajo a los investigadores que nos leen y hagamos un link con el vomitar historia ya narrado. Otro chiste que tenemos con Jota es el de los juegos de la memoria. Por ejemplo, el "memotest de la memoria", donde hay que unir figuras y emblemas de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia: pañuelo con pañuelo, Estela con Estela, León Gieco con León Gieco, Estela&Guido con Estela&Guido, Edificio Cuatro Columnas con Edificio Cuatro Columnas (acá estoy haciendo un chiste muy para el ghetto, sepan disculpar, la tentación es demasiado grande), bandera de H.I.J.O.S. con bandera de H.I.J.O.S., etc. Otro: el "dígalo con mímica de la memoria", donde hay que adivinar personajes, lugares o hechos históricos relacionados con los años 70 y el movimiento de derechos humanos. "Intento de copamiento del Regimiento de Formosa" es una de las difíciles. El otro día en el EAAF me pasé de lista jugando a la trivia de los desaparecidos (y acá no digo "de la memoria" porque me parece que no aplica, otro día profundizamos, o no). En mi afán por demostrar que sabía quién era cierta (NG) "Mafalda", dije el apellido antes de que B. (a quien había ido a acompañar) pudiera decir nada, y M. me clavó los ojos en los míos retándome tanto en silencio, tanto, que me sentí como cuando el maestro de tercer grado Osvaldo me puso el único regular en conducta que tuve en mi vida.
Ahora todo se explica con el juicio. Debo un artículo, el 2 de mayo empieza al juicio. Me olvidé de corregir una obra para una antología, el 4 de mayo declaro. 

miércoles, 16 de marzo de 2016

El domingo me impuse la ya abandonada tarea de hacer de éste un diario verdadero. Un registro día a día. Bueh, ahí va:

Lunes y martes avancé vagamente en la organización de reuniones. Sólo tengo pendientes los llamados telefónicos. Lo aburrido de todo esto no lo hace menos tortuoso. Tortuoso y aburrido se me manifiesta el temita estos días.

domingo, 13 de marzo de 2016

Esta mañana fui a la casa de Pablo, mi abogado. El del juicio penal, no los de los múltiples juicios civiles iniciados en mi contra por Gustavo, no no, me refiero aquí al mucho más honroso juicio penal contra los secuestradores de mis papis, aquél que despierta simpatías por doquier y no silencios incómodos ni caras de circunstancia.

En este juicio mi abogado es Pablo porque ya venía investigando a los milicos de la RIBA-Virrey Cevallos. Son dos de lo que en castellano rioplatense humanitario se denomina "centros clandestinos de detención", o por sus siglas ccd, y que a mí me gusta más decir, alla Calveiro, "campo de concentración", pero pasa que ninguno de los dos lugares fueron tal cosa, a menos que un secuestrado o dos de tanto en tanto puedan ser considerados una concentración, que no me parece, me parece más bien que estos lugares son de las tantas cosas ante las que el castellano rioplatense humanitario se detiene.

Fui a lo de Pablo y llevé unos palitos de queso un poco grasientos de la panadería Don José pero decidí que ya que voy a tener que reunirme varias veces con él, voy a empezar a llevar las exquisiteces más fantasiosas de Las Delicias, la confitería estrella del barrio, que espero que se cope con el canje. Porque a este juicio hay que meterle belleza como sea, incluso en la forma del panificado.

Hablamos mucho y en el mismo idioma, que es el mencionado castellano rioplatense humanitario. Metí un par de chistes de humor negro que no pasaron, Martín Kohan habría amado esos momentos. Tomamos mucho mate y tuve muchas ganas de hacer pis y le abrí la puerta del baño a la hija adolescente de Pablo que seguro me odió y me parece bien.

Pasé con el bondi por Constitución que hacía mucho que no iba, y vi unos carteles que contraponen el antes y el después de una obra que no se terminó, por lo tanto ese después no es ni siquiera un ahora, y yo que pensaba que el desorden del tiempo era algo para achacar a los desaparecidos. 

Ahora me esperan muchas reuniones diversas con diversos actores del juicio, mails y hasta llamados telefónicos, me temo. El juicio empieza a pedirme de mi tiempo. Te lo daré, fucking juicio, and i'm gonna kick your ass. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Welcome back

Ya de regreso en la patria soñé que:

Argentina estaba muy enferma y tenía que ocuparme de ella junto con Gustavo. Estaba un poco perdida pero no lo admitía ni se dejaba ayudar, había que estarle detrás, vigilarla porque mentía y perdía plata o remedios o recuerdos como el álbum de bebé de Josesito. Era una pesadilla. Aunque la presencia, la pervivencia de Argentina, a pesar de todo, de alguna manera me alegraba. Lo pesadillesco era Gustavo, la obligación de verlo y de tener que tratar algo en común con él.

Me desperté con mucha, mucha sed.

Me volví a dormir ya de día y soñé que leía en Página/12 una nota del Perro Verbitsky (así le decía en el sueño) sobre el juicio de la RIBA, que ya había empezado. 

lunes, 30 de noviembre de 2015

Un momento huacho

Traje a Berlín, entre otras pocas cosas de ellos, las castañuelitas que usaba Josesito (sic) cuando estudiaba danzas españolas. A veces Tilo trata de sacarles algún sonido. Todavía son grandes para sus manos.

Una de las dos castañuelas quedó sobre mi escritorio. Es un objeto bello. Es oscura, suave, fresca. Supongo que es de madera, aunque no estoy segura. También podrían ser de hueso si existiera el hueso negro. Ya son chicas para mis manos. Pero igual puedo pasar el dedo por la correa gastada pero sólo un poco gastada, nadie diría que estas castañuelas fueron usadas hace más de cincuenta años. Josesito practicando en un patio de Caseros del que huye la luz. Argentina guardó las castañuelas y las botitas de flamenco y el traje y el misal de la Primera Comunión. Pero ella no era española ni católica. Los guardó, pienso ahora, como souvenires del ascenso social.

No tiene olor a nada la castañuela, es decir que tiene olor a mi casa.

No es como una foto o el recorte de La Razón que reproduce la carta que firma Matías Responsable Militar Columna Oeste. Este objeto estuvo en sus manos, en sus manitos, muchas horas de su infancia. Josesito, mi hermanito perdido. Vení, nadie va a encontrarte debajo de la Bettdecke de invierno que es tan gruesa, acá en mi departamento de Berlín.

Anoche miré a Tilo un largo rato después de que se durmió. Buscaba las diferencias con las fotos de Comunión de Josesito. La nariz. Y no encontré más.  

sábado, 21 de noviembre de 2015

LUCHO Y VUELVO

Me tiene loca no saber la fecha de inicio del Aerojuicio. Porque se me junta con el Retorno a la Patria.

(Ay, lo que me acaba de pasar, se me fueron los dedos y escribí Patricia en vez de Patria, ay!, lo acabo de hacer otra vez, Patricia Patricia Patricia, hola, ¿querés decir alguna cosa o puedo seguir? Gracias).

Se me junta con el Retorno a la Patria (¡muy bien!), decía, y con el ballotage que también me tiene loca, y con el miedo a no poder comprar pasajes después del domingo porque haya una devaluación, un corralito, una implosión del sistema financiero.

Lo cierto es que

LUCHO Y VUELVO

¿Retorna la Princesa Montonera a la Patria para deleitarnos con sus aventuras en la Disneylandia de los Derechos Humanos del Kirchnerismo Tardío o por el contrario para conducir a su Pueblo Montonero en la batalla contra el Mal? Lo segundo es más épico y narrativamente mucho más fácil y menos interesante. Lo primero, porfi, que sea lo primero.


viernes, 20 de noviembre de 2015

Ahora milito el post-hijismo

Una cosa divertida de la vida académica es el clima de estudiantina que se da en los congresos y talleres que duran varios días. El primer día no conocés a nadie, pero a fuerza de compartir cada minuto de las normalmente extenuantes jornadas, cada desayuno, cada almuerzo, cada cena, cada ponencia, las atrapantes y las somníferas, cada discusión apasionada (esto si hay argentinos, sino no) y cada silencio incómodo, para el momento de la despedida, el ánimo general es de micro a Bariloche. Aunque el tema de la conferencia sea siniestro, o precisamente más aún cuando lo es.

Así conocí a Patricio Pron, autor de un libro que me gusta mucho y que es primo del Diario. El suyo se titula El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, pero contrariamente a lo que el título sugiere, los papás en cuestión están vivos (grrr... siempre me da bronca que otros tengan padres). Patricio está escribiendo el prólogo para la edición española de mi libro. Ah sí, el Diario de una princesa montonera se publica en breve en España.

Lo que quería escribir acá para no olvidarlo: que hay zonas de experiencia comunes que no coinciden con las categorías con las que desde la academia, las leyes, el periodismo, se trata de dar cuenta de nosotros, los no mal pero injustamente llamados "hijos". Ah sí, ahora abjuro del término "hijis", no en vano pasaron todos estos años en los que me dediqué a tratar de desmenuzar estas cuestiones con todo el poder analítico de mi mente. Hay experiencias, decía, cualitativamente similares que desbordan, en los casos comparados que traigo a colación, nuestras condiciones de "hija de desaparecidos" e "hijo de militantes". El problema, una vez más, es el hijismo. ¿Por qué sólo nosotros somos hijos-de, si todos somos hijos de alguien? ¿Eh? ¿EH?




martes, 17 de noviembre de 2015

La tesis

Abrí este blog en el 2009 para relatar los acontecimientos vinculados al temita. Narrativamente encontró un final con el viaje a Alemania, a la ciudad con castillo en la que finalmente sólo viví un mes y trabajé cinco. No lo cerré, no me privé de escribir cuando me vino en ganas, pero nunca fue mucho.

Hoy comprendí por qué.

Porque ya no hay un acontecimiento vinculado al temita que pueda aislar de mi vida para hacerlo materia de este relato. Lo que hay, y me odio por eso, es una vida de verdad 100% atravesada por el temita. Porque lo hago for a living. Tendría que hacer el blog inverso: lo que hago cuando no estoy escribiendo la tesis, corrigiendo un artículo, intentando entender lo que sucede en el campo-ghetto del detenido-desaparecido que me acabo de enterar ayer por qué se le dice así, al detenido-desaparecido, siempre hay niveles de especialización más altos por conquistar.

Eso, un blog temita-free, sería una cuenta de instagram con fotos de Berlín y, quizás, fotos de un bebé/niño. Ah sí, tuve un hijo.

Bueno, no, 100% terrorismo de estado no.

Pero un buen porcentaje.

No sé cuánto es un buen porcentaje.
Cuánto porcentaje de horror por día se puede aguantar.
Cuán lejos se puede arrojar el horror en el día a día
para poder leer
y mirar fotos
y escribir
sin morirse, literalmente morirse
de dolor
de tristeza
sin que te vuelva como un boomerang
en forma de una niebla permanente
en la que quedan sumergidas las cosas y las personas
porque para no sufrir
hay que no sentir
así de fácil
disculpen si suena todo un poco de autoayuda
pero es una verdad clara.

Pasión y amor, escribió Marie. La última vez que sentí eso sobre mi trabajo fue acá. Me encantó mi trabajo en la universidad alemana de excelencia, fue una experiencia alucinante, a todos los colegas les mando un besito muy grande, pero pasión y amor, pasión y amor es acá.

Sin el blog no voy a terminar la tesis. Así que hola. Vine a terminar mi tesis sobre el temita acá con ustedes.


miércoles, 17 de junio de 2015

Aerojuicio 2016

A todo esto elevaron a juicio oral la causa contra los tres aeromilicos imputados por el secuestro de mis papis y cuando digo secuestro lamentablemente es literal, ése será el único cargo ((carita triste)).

Eso significa que en algún momento de 2016 viviré jornadas de gloria militonta. Declararé en el juicio, asistiré a las audiencias y miraré a los milicos y sus familias desde lo alto de mi pedestal moral y político, atenderé a la prensa nacional, internacional y extraterrestre y no faltará ocasión de elevar los dedos en V y gritar los nombres de mis papis y el consabido presente. Me habré mandado a hacer una remera con sus fotos, o unos pines, o tatoos con sus jóvenes rostros. Oh, serán días de embriaguez justiciera...

O quizás me pase lo que dure el juicio con anginas, odiando al mundo desde la cama. O quizás ni siquiera esté en Buenos Aires. Quizás lo siga a través de las redes sociales, puteando todo a la distancia, enojada si va la militoncia derechohumanística y más enojada si no va, diseccionando cada nota si las hay y prendida fuego si no hay ninguna, furiosa con Gustavo tanto si se presenta como querellante como si declara como testigo de identidad reservada, pero acá, en mi exilio verde-gris berlinés, parapetada detrás de las copas de los tilos.


* Si hay "Megacausa" puede haber "Aerojuicio". Ya se habla de T2D. No hay límites para la imaginación popular. 



sábado, 13 de junio de 2015

Caras de Exma

 Adentro de la Exma disertando sobre fantasmas de desaparecidos el día del aniversario del secuestro de mis papis, un plato. 6 de occctubre de 2012.


Adentro de la Exma. Muestra de Lucila. Marzo 2013.

En Berlín para la inauguración del museo o whatever en la Exma, Mayo 2015.

¿Cuál les gusta más? ¿La chica científica decontracté que se resiste al trajecito? ¿La artisssta que siente mucho y se pone cualquier mamarracho? ¿La víctima en pijama que la pasa mal, se saca selfie pasándola mal, le pone un filtro y la sube a instagram?

Sepa el pueblo votar. 

Berlín es una ciudad construida en medio de un bosque. Los parques, las plazas, las riberas del río y los canales, todo reverdece tan salvajemente en primavera que da la sensación de que es el cemento el que se cuela entre las grietas de lo vegetal y no al revés.

Ahora ya es verano. Anocheció dos horas antes de lo habitual. Hay tormenta. Los tilos de la avenida se sacuden con furia. 

En Berlín siempre se ve el cielo. Las calles son anchas y los edificios, bajos. El cielo casi nunca está celeste. En invierno es invariablemente gris. Todos los días. Durante varios meses. El cielo de verano es una fiesta de nubes. Hoy no. Hoy es plomizo, como dice en las novelas. 

La lluvia golpea con tanto escándalo que parece granizo. Pero no. Son gotas gordas y pesadas que el viento empuja a altísima velocidad. 


lunes, 1 de junio de 2015

Matienzo - 1

En el departamento 1 vivían tres viejos. Dos hermanas y un marido. Coca y Porota ellas, algo como Pancho él. Coca tenía un nombre normal pero Porota se llamaba Menester. Contaba, todavía muy apenada, que su padre había querido inscribirla como María Ester, pero el empleado del registro civil no lo escuchó bien o tenía un humor muy particular, y anotó Menester. Menester Martínez. Siempre le dijeron Porota. Porota era la esposa de Pancho. Ellos eran los que estaban peor. Casi no caminaban. Pancho además no oía bien. Coca, en cambio, podía cruzar a comprar pan o alguna otra cosa mínima. Nadie los visitaba. Coca era soltera, pero Porota y Pancho tenían algún hijo o hija.

En el 1 todo tenía una pátina grasienta de polvo asentado y había olor a pis. Con la abuela fuimos una sola vez en plan visita. La abuela no los quería. La abuela no quería de verdad casi a nadie, pero en general se sentía obligada a amar al prójimo; con ellos no le pasaba. Su patio lindaba con el nuestro, los dos en el fondo de un pozo de aire y luz que no ofrecía ni lo uno ni lo otro. Nuestro patio estaba más elevado. Si me paraba junto al murito que dividía los dos patios, veía la puerta de vidrio a la cocina del departamento 1 y una ventana a una habitación. Nunca había nadie en la cocina y casi nunca estaba levantaba la persiana de esa habitación que creo que era la de Porota y Pancho. Pero esa inmediatez para acceder a la intimidad de los vecinos me mantenía alejada del murito. El patio, que ya era pequeño, pasaba a ser diminuto.

Yo jugaba a hacer rebotar una pelota de tenis contra la medianera. A veces la pelota se me escapaba y terminaba entre las plantas escuálidas que sobrevivían estiradas contra el murito gracias a que mi abuela las regaba desde nuestro patio. Mi abuela quería más a las plantas que a la gente. Cuando se me escapaba la pelota, tenía que saltar de mi patio al de ellos, bajar por una pileta, golpear la puerta de vidrio de la cocina y esperar que me abrieran para volver a casa por adentro. No recuerdo por qué pero ni trepaba de vuelta de su patio al nuestro ni tampoco tocaba el timbre para entrar a buscar la pelota. Tal vez me habían pedido que no tocara el timbre para no despertar a alguno de ellos de la siesta.

Contra todo pronóstico, la primera que se rompió la cadera fue Coca. Mientras estaba internada algo le pasó a Pancho y se murió o también lo internaron. Aparecieron los hijos y se llevaron a Porota y muy pronto el departamento se vendió. El edificio ya no valía nada, pero el departamento no dejaba de ser un tres ambientes con ventanas a la calle en Colegiales, Belgrano o Palermo, según cada quien.

El nuevo propietario se llamaba Santiago. Era joven, morocho, ni lindo ni feo, un poco petiso. Trabajaba como productor o en publicidad, alguna ocupación así, moderna. Trabajaba mucho, salía a media mañana y volvía tarde a la noche. A veces traía alguna novia, pero vivía solo. Nunca se lo escuchaba, nunca se peleaba con ningún vecino ni generaba ningún tipo de problema.

La abuela tenía predilección por él. Le encantaba hacerle favores. Pagarle las expensas (porque él nunca estaba a la hora en que pasaba a cobrar el tipo de la administración), recibirle algún sobre o paquete y creo que también alguna vez le debe haber hecho algo de comer. La abuela decía: a mí me gusta estar entre la gente joven. Santiago la tuteaba y era al mismo tiempo afectuoso y distante con ella, como si le dedicara un tipo de afecto profesional. Conmigo era correcto pero prescindente. Nunca entré al departamento mientras vivió Santiago. Cuando me fui de casa, él seguía ahí. Supe que después se mudó, me parece que con alguna chica.

domingo, 31 de mayo de 2015

Meta balbuceo

y cuando todo es duda y confusión, cuando el volumen de la radiolina mental sube hasta tapar todo lo demás, cuando cada silencio y cada canción se contradicen entre sí, ahí hay que dejar hablar a las manos. Escribo con todos los dedos, descanso en asdf jklñ y con el pulgar derecho apoyado en la barra espaciadora. Así me enseñaron en el curso optativo de mecanografía que hice en primer año de la secundaria. En ese momento estaba tan convencida de que lo mío era escribir que aprender mecanografía me resultaba imprescindible. La Underwood de mi abuelo Benjamín estaba en una de las cabeceras de la mesa del -llamémosle- living comedor. Era como una piedra, como un ancla echada ahí, en ese minúsculo departamento de dos ambientes en Matienzo y Zapata.

((ACÁ PUEDE VENIR UNO DE LOS TEXTOS DE MATIENZO)).

Dejar correr la escritura a través de los dedos y que aparezcan cosas como una evocación del curso de mecanografía, cuyo examen final no rendí. Claro, ya me habían publicado un LIBRO, ya había aprendido a tipear con los diez dedos, no necesitaba el diploma. Era nerd pero no tanto.

((OTRA COSA)).

Ahora hay una mujer parada delante de una ventana. Las copas de los tilos rozan las plantas de su balcón. Se llama Laura, Olga o también La Otra. Mira el balcón, todavía en la sombra de la mañana, mira las hojas moverse con el viento fuerte. Quiere abrir la puerta y salir al balcón pero la anticipación del frío la acobarda. Tal vez no es cobardía, es más bien un estado de parálisis vital. Sufre, Laura u Olga. Es un personaje triste. Todo lo que se escriba sobre ella será aburrido. Tal vez tiene un bebé, tal vez no.

¿Y la princesa montonera? ¿Vuelve con nuevas y fabulosas aventuras? El exilio berlinés, la reparación fallida, la causa penal por la desaparición de los papis, el acoso mediático de su Rucci personal, los éxitos académicos en las principales capitales europeas, las vacaciones al azar en Bretaña o Manchester, tal vez un bebé, tal vez no, todo eso a través de los lentes rosas de la princesa montonera.

(No hay otra manera de saberlo más que ésta).