lunes, 2 de mayo de 2016

Juicio día 1

Después de meses de indefiniciones y postergaciones que me tuvieron en vilo desde el lejano fin del verano berlinés, después de un millón de formularios y cartas y trámites en alemán, después de una mudanza internacional, después de vomitar deber de memoria y de enfermarme de la garganta y padecer otras afecciones habituales a la hora de revivir el trauma cuyo detalle omitiremos, después de llorar dos domingos seguidos, todo atravesado por el aniversario de la muerte de Marie,

empezó el juicio.

Elegí ir con un amiga, con una de mis amigas de la época de los blogs. Desde la muerte de Marie nos decimos soldadas y a mí un poco me hace ruido pero soy hija de combatientes del ejército montonero así que no sé qué me hago. Allá me esperaban dos compañeros de mi papi. A uno lo conozco desde hace 5 años, cuando comenzamos a reunirse los familiares y amigos de desaparecidos de Tres de Febrero; al otro lo conocí el sábado pasado y fue un encuentro cálido en el que la presencia de Jose (o Aníbal) nos sobrevolaba alegremente.

¿Qué decir de los milicos? Que son feos y tienen caras de malos. De verdad. Que se negaron a declarar pero no por eso se privaron de hacer un poco en show. Trillo dijo que en sus ratos libres, antes de la detención, se dedicaba a la beneficencia. Gómez respondió, cuando el presidente del tribunal le preguntó si tenía hijos: Sí, tenía un hijo. En alusión al hermano que me robó. Hubo respectivamente risitas y murmullo indignado en la sala.

Yo estuve contenta. Estoy contenta. No me lo imaginaba. No sé si mañana podré levantarme de la cama pero hoy estoy contenta porque empezó el juicio por fin. Ahora digo esto tan simple pero cuando una joven estudiante de comunicación me preguntó "¿cómo te sentís?", la saqué carpiendo, pobrecita, qué carácter.